algún día

Hay días en que uno va por la calle particularmente concentrado en sus pensamientos. Por eso, la primera vez me sobresaltó: un señor que pasaba detrás de mí dijo fuerte: “¡Lo que nunca tendría que haber pasado, pasó!” No alcancé a verlo bien porque enseguida dobló en la esquina. No mucho rato después, fue en el colectivo: una señora desde el primer asiento dijo a voz en cuello: “¡Es en el jardín de los sueños, sí!”. Casi me paso de la parada por la sorpresa. La tercera irrupción la hizo una mujer joven, con la que me cruzaba en la escalera del subte: gritó “Primero a comer, depué al chopping”. Ahí comprendí que era maravilloso, se estaba inaugurando un nuevo modo de expresión y comunicación: uno podía libremente exclamar al viento lo que le viniera a la cabeza, cualquier idea, cualquier pensamiento, cualquier emoción que no pudiera esperar para salir. Por ejemplo, yo esa mañana podría haber gritado: “Me inflan los electrocardiogramas y la repámpanos de la electrocardiografía”, o un rato después algo más poético: “En Las Violetas todavía vive tu fantasma”, y a la tarde algo banal pero acuciante: “¡Qué miércoles me pongo para la fiesta de egresados de mi hija!” Imaginaba la enorme repercusión de semejante adelanto en los vínculos: de repente por la calle éramos prójimos y podíamos compartir lo que quisiéramos. No seríamos extraños y anónimos, hasta fantaseaba alguien contestándome: “Yo tengo una pollera negra que podría quedarte bien”. Antes que decidiera con qué oración debutar en esta brillante modalidad, hubo un cuarto que exclamó, unos pasos delante de mí: “¡Y, ahora se vienen los chinos!”. Apuré el paso para felicitarlo, para animarlo a seguir sacando afuera lo que sea. Pero cuando quedé frente a él, me llevé otra sorpresa: con la mano izquierda sostenía el celular contra su oreja. Me esquivó, se rió con el del otro lado, dijo algo de encontrarse... Ni un acto de libertad, ni de lanzar al viento las palabras, nada de sacarse del cuerpo algo que no se quiere cargar más... ¿Sólo gente convencional hablando convencionalmente a los gritos por su convencional celular?... Ufa.

2 comentarios:

Flor dijo...

A más intermediación tecnológica menos comunicación, ¿no? Algo huele mal en Dinamarca

virgi dijo...

ja ja Oscar Wilde, cuando le describían lo maravilloso del teléfono diciendo: "Ud. puede estar hablando con alguien que está a cientos de kilómetros de acá!", respondió:
- ¿Hablando de qué?