Ahora yo me tengo que poner en puntas de pie para saludarlo a él. Y él agacha un poco su metro setenta para saludarme a mí (cuando su espíritu adolescente decide saludarme).
Pero cuando era al revés, inventó una de las palabras más bellas que escuché: acariñar.
Me acordé ahora, que él está durmiendo plácidamente y todavía no sabe que hace 50 minutos cumplió 14.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario