I
No importa la voz ni las palabras: siempre que mi hija recibe el llamado de un hombre para mí, el mensaje que me llega invariablemente es “Te llamó Juan”. Hay llamados personales, laborales, de cualquier tipo que sean, siempre el que llamó es “Juan”. Esto encuadraría perfectamente con una teoría (cuya propiedad intelectual no sé si será mía) según la cual “Todos los hombres son el mismo hombre”. Pero estoy segura que ella es demasiado joven para saberlo.
II
Paso a detallar: “Todos los hombres son el mismo hombre” porque es el que está en nuestra cabeza, el que guardamos en el alma y en la piel y que es un rompecabezas formado por los hombres que fueron, los que amamos, los que soñamos, los que tuvimos, los que dejamos, los que nos rompieron el corazón con su distancia, los que recordamos y los que olvidamos. Nunca hay un hombre real porque no existe forma de verlo: siempre ese que se acerca (o se aleja, lo que sea) es el que nosotros con nuestra historia y nuestros sueños inventamos: eso convierte a todos los míos en “Juan”.
Igual a veces me enojo.
2 comentarios:
Cuando se lo comenté a Guille me respondió con su habitual sonrisa: espero que en tu caso todos los hombres se llamen Gui. Pero bueno.
Valeria: "nunca" es una palabra demasiado grande si de Juan se trata; él se transforma, se multiplica, se despliega interminablemente y no va a descansar hasta verte sonreír...
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