Abro los ojos escuchando un tango que no conozco. En el estado confusional propio del despertar, alcanzo a registrar que dice algo del tiempo y del amor. Me levanto. Cambio el género musical, pongo a Vicentico. “Los caminos de la vida”. Bailo. Después lloro. Pongo la pava en el fuego, busco la yerba. Me tomo unos mates mirando las plantas del patio, escuchando los pájaros invisibles entre las ramas de la rosa china. Lloro. Pongo el televisor para ver la temperatura y me quedo enganchada con “Tom y Jerry”. Me río. Me baño. Mientras me visto, lloro. Me pinto los labios, los ojos, me peino. Me sonrío frente al espejo. Voy juntando las cosas para salir, plata, llaves, diskette, agenda. Cuando tengo todo listo, me siento y lloro.
Y apenas está empezando la mañana.
Hoy va a ser un día largo.
recreo
I
Esconderse bajo las mantas jugar a las cosquillas estirarse a lo alto hasta volverse celeste darse un baño de espuma chapotear en las olas hacer con las manos espejitos de jabón caminar descalzo revolear almohadones hacer el amor escuchar los pájaros respirar hondo cerrar los ojos bajo la lluvia contar chistes jugar a las cartas al dominó al scrabble acariciar acariñar seguir un caminito de hormigas ver desarmarse las nubes ponerse auriculares zambullirse en Vivaldi Piazzola Lerner mirar el viento de frente escuchar el mar desde un caracol mirarse a los ojos sumergirse en el agua desparramar sonrisas hacerse un ovillito en un sillón crear un poema cantar despacito provocar una carcajada cantar a voz en cuello encoger los hombros abrazar silbar andar en bicicleta tirarse en el pasto de cara al sol ir de la mano comerse un chupetín un caramelo un chocolatín que tenga sorpresas jugar a las escondidas gritar piedra libre treparse a un árbol bailar un twist un rock una cumbia hacer volar por el aire un panqueque tomar jugo con pajita sentir el silencio alimentar las palomas volar en patines tirar papel picado charlar con el perro patear la pelota cambiar figuritas ser por un día príncipe princesa haga mago usar la varita viajar por el alma inventar ruiditos muecas morisquetas ver atardecer morder la manzana apoyar los pies en la mesa caminar en puntitas gritar tequiero mirar dibujitos fabricar sueños de plastilina pintarse alas de mariposa alejarse del piso subirse a un tren sin destino mirar el mundo por la ventanilla saludar en las barreras viajar en el estribo bajarse en una plaza hamacarse saltar contar las estrellas regalarse una ponerle un nombre envolver con los brazos un osito de peluche apoyar sueños en la almohada confiar en el ángedelaguarda extender la noche hasta el sol festejar festejar festejar la vida
II
EL WORD ME MARCA COMO INCORRECTAS LAS SIGUIENTES PALABRAS:
Espejitos caminito ovillito despacito chupetín chocolatín twist rock cumbia pajita ruiditos puntitas tequiero dibujitos plastilina osito ángeldelaguarda festejar
EL WORD NO TUVO INFANCIA
Esconderse bajo las mantas jugar a las cosquillas estirarse a lo alto hasta volverse celeste darse un baño de espuma chapotear en las olas hacer con las manos espejitos de jabón caminar descalzo revolear almohadones hacer el amor escuchar los pájaros respirar hondo cerrar los ojos bajo la lluvia contar chistes jugar a las cartas al dominó al scrabble acariciar acariñar seguir un caminito de hormigas ver desarmarse las nubes ponerse auriculares zambullirse en Vivaldi Piazzola Lerner mirar el viento de frente escuchar el mar desde un caracol mirarse a los ojos sumergirse en el agua desparramar sonrisas hacerse un ovillito en un sillón crear un poema cantar despacito provocar una carcajada cantar a voz en cuello encoger los hombros abrazar silbar andar en bicicleta tirarse en el pasto de cara al sol ir de la mano comerse un chupetín un caramelo un chocolatín que tenga sorpresas jugar a las escondidas gritar piedra libre treparse a un árbol bailar un twist un rock una cumbia hacer volar por el aire un panqueque tomar jugo con pajita sentir el silencio alimentar las palomas volar en patines tirar papel picado charlar con el perro patear la pelota cambiar figuritas ser por un día príncipe princesa haga mago usar la varita viajar por el alma inventar ruiditos muecas morisquetas ver atardecer morder la manzana apoyar los pies en la mesa caminar en puntitas gritar tequiero mirar dibujitos fabricar sueños de plastilina pintarse alas de mariposa alejarse del piso subirse a un tren sin destino mirar el mundo por la ventanilla saludar en las barreras viajar en el estribo bajarse en una plaza hamacarse saltar contar las estrellas regalarse una ponerle un nombre envolver con los brazos un osito de peluche apoyar sueños en la almohada confiar en el ángedelaguarda extender la noche hasta el sol festejar festejar festejar la vida
II
EL WORD ME MARCA COMO INCORRECTAS LAS SIGUIENTES PALABRAS:
Espejitos caminito ovillito despacito chupetín chocolatín twist rock cumbia pajita ruiditos puntitas tequiero dibujitos plastilina osito ángeldelaguarda festejar
EL WORD NO TUVO INFANCIA
encuentro casual
Él extiende su brazo, apoya la mano en el tronco del árbol y la onda expansiva de su cuerpo me envuelve. Pero habla de cosas distantes.
Un segundo antes yo simplemente esperaba un colectivo. Ahora espero que transforme en palabras ese modo que tiene de mirarme... Pero sigue hablando de cosas distantes.
Hay un segundo de silencio, como si dudara. Casi abruptamente después, se despide y yo me quedo viendo cómo su espalda se pierde entre la gente.
Quizás la escena la recordemos alguna vez, compartiendo noche y desayuno, y nos dé risa. O quizás nunca compartamos noche y desayuno y la escena se irá poniendo amarilla, borrosa, invisible, hasta que sólo me quede en la memoria una pregunta vaga sobre qué hacía yo una tarde de sábado bajo una llovizna casi imperceptible
parada al lado de un árbol con tantas tantas ganas de llorar.
Un segundo antes yo simplemente esperaba un colectivo. Ahora espero que transforme en palabras ese modo que tiene de mirarme... Pero sigue hablando de cosas distantes.
Hay un segundo de silencio, como si dudara. Casi abruptamente después, se despide y yo me quedo viendo cómo su espalda se pierde entre la gente.
Quizás la escena la recordemos alguna vez, compartiendo noche y desayuno, y nos dé risa. O quizás nunca compartamos noche y desayuno y la escena se irá poniendo amarilla, borrosa, invisible, hasta que sólo me quede en la memoria una pregunta vaga sobre qué hacía yo una tarde de sábado bajo una llovizna casi imperceptible
parada al lado de un árbol con tantas tantas ganas de llorar.
algún día
Hay días en que uno va por la calle particularmente concentrado en sus pensamientos. Por eso, la primera vez me sobresaltó: un señor que pasaba detrás de mí dijo fuerte: “¡Lo que nunca tendría que haber pasado, pasó!” No alcancé a verlo bien porque enseguida dobló en la esquina. No mucho rato después, fue en el colectivo: una señora desde el primer asiento dijo a voz en cuello: “¡Es en el jardín de los sueños, sí!”. Casi me paso de la parada por la sorpresa. La tercera irrupción la hizo una mujer joven, con la que me cruzaba en la escalera del subte: gritó “Primero a comer, depué al chopping”. Ahí comprendí que era maravilloso, se estaba inaugurando un nuevo modo de expresión y comunicación: uno podía libremente exclamar al viento lo que le viniera a la cabeza, cualquier idea, cualquier pensamiento, cualquier emoción que no pudiera esperar para salir. Por ejemplo, yo esa mañana podría haber gritado: “Me inflan los electrocardiogramas y la repámpanos de la electrocardiografía”, o un rato después algo más poético: “En Las Violetas todavía vive tu fantasma”, y a la tarde algo banal pero acuciante: “¡Qué miércoles me pongo para la fiesta de egresados de mi hija!” Imaginaba la enorme repercusión de semejante adelanto en los vínculos: de repente por la calle éramos prójimos y podíamos compartir lo que quisiéramos. No seríamos extraños y anónimos, hasta fantaseaba alguien contestándome: “Yo tengo una pollera negra que podría quedarte bien”. Antes que decidiera con qué oración debutar en esta brillante modalidad, hubo un cuarto que exclamó, unos pasos delante de mí: “¡Y, ahora se vienen los chinos!”. Apuré el paso para felicitarlo, para animarlo a seguir sacando afuera lo que sea. Pero cuando quedé frente a él, me llevé otra sorpresa: con la mano izquierda sostenía el celular contra su oreja. Me esquivó, se rió con el del otro lado, dijo algo de encontrarse... Ni un acto de libertad, ni de lanzar al viento las palabras, nada de sacarse del cuerpo algo que no se quiere cargar más... ¿Sólo gente convencional hablando convencionalmente a los gritos por su convencional celular?... Ufa.
años
Ahora yo me tengo que poner en puntas de pie para saludarlo a él. Y él agacha un poco su metro setenta para saludarme a mí (cuando su espíritu adolescente decide saludarme).
Pero cuando era al revés, inventó una de las palabras más bellas que escuché: acariñar.
Me acordé ahora, que él está durmiendo plácidamente y todavía no sabe que hace 50 minutos cumplió 14.
Pero cuando era al revés, inventó una de las palabras más bellas que escuché: acariñar.
Me acordé ahora, que él está durmiendo plácidamente y todavía no sabe que hace 50 minutos cumplió 14.
dicen que
la blog me reclama por mi ausencia y yo le reclamo a las palabras y ellas dicen que no pueden, que no alcanzan, que les pido demasiado, que se chocan, se pelean, se confunden con el aluvión caótico, con los latidos desacompasados que yo pretendo que ellas nombren.
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