I
No importa la voz ni las palabras: siempre que mi hija recibe el llamado de un hombre para mí, el mensaje que me llega invariablemente es “Te llamó Juan”. Hay llamados personales, laborales, de cualquier tipo que sean, siempre el que llamó es “Juan”. Esto encuadraría perfectamente con una teoría (cuya propiedad intelectual no sé si será mía) según la cual “Todos los hombres son el mismo hombre”. Pero estoy segura que ella es demasiado joven para saberlo.
II
Paso a detallar: “Todos los hombres son el mismo hombre” porque es el que está en nuestra cabeza, el que guardamos en el alma y en la piel y que es un rompecabezas formado por los hombres que fueron, los que amamos, los que soñamos, los que tuvimos, los que dejamos, los que nos rompieron el corazón con su distancia, los que recordamos y los que olvidamos. Nunca hay un hombre real porque no existe forma de verlo: siempre ese que se acerca (o se aleja, lo que sea) es el que nosotros con nuestra historia y nuestros sueños inventamos: eso convierte a todos los míos en “Juan”.
Igual a veces me enojo.
no saberes
“Una mujer es el demonio y no lo sabe”
“Un hombre está muerto y no lo sabe”
Alguien aparece en el momento justo
Y no nos deja caer
Y es nuestro ángel
Y no lo sabe.
“Un hombre está muerto y no lo sabe”
Alguien aparece en el momento justo
Y no nos deja caer
Y es nuestro ángel
Y no lo sabe.
obras
I
Tiene cinco rojos y amplios pétalos, de bordes irregulares. Son un poco oscuros en su origen y tienen algunos hilos de color más claro. Del mismo centro nace, como un estandarte, un delgado y brilloso cilindro rojo del que luego surgen unos botones amarillos hacia los costados, que derraman al contacto un polvillo dorado. Culmina en cinco pequeños redondeles aterciopelados rojos. Cinco y rojos, como los pétalos. Inútiles palabras: es imposible describir la perfección, la exactitud, la belleza de una rosa china. Y el secreto de esa obra comienza en una oscura raíz subterránea.
II
También es amplio. Y cálido. Bálsamo para el dolor y para la soledad. Multiplica las alegrías, alivia los miedos y desmorona rabias almacenadas. Nunca se sabe cuánto va a durar, pero irradia su perfume aún después de haberse ido: persiste en la memoria a lo largo de los años y sigue brindando su calor. Es bueno tener uno a mano cuando nos asalta el hielo de la desazón, la pena o la desesperanza. No hay nada que se le resista: el mundo siempre se ve mejor después de uno. El abrazo es la obra más perfecta que brota de la oscura raíz del alma humana.
Tiene cinco rojos y amplios pétalos, de bordes irregulares. Son un poco oscuros en su origen y tienen algunos hilos de color más claro. Del mismo centro nace, como un estandarte, un delgado y brilloso cilindro rojo del que luego surgen unos botones amarillos hacia los costados, que derraman al contacto un polvillo dorado. Culmina en cinco pequeños redondeles aterciopelados rojos. Cinco y rojos, como los pétalos. Inútiles palabras: es imposible describir la perfección, la exactitud, la belleza de una rosa china. Y el secreto de esa obra comienza en una oscura raíz subterránea.
II
También es amplio. Y cálido. Bálsamo para el dolor y para la soledad. Multiplica las alegrías, alivia los miedos y desmorona rabias almacenadas. Nunca se sabe cuánto va a durar, pero irradia su perfume aún después de haberse ido: persiste en la memoria a lo largo de los años y sigue brindando su calor. Es bueno tener uno a mano cuando nos asalta el hielo de la desazón, la pena o la desesperanza. No hay nada que se le resista: el mundo siempre se ve mejor después de uno. El abrazo es la obra más perfecta que brota de la oscura raíz del alma humana.
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