taller literario

Hace siete años un profesor me instó a incursionar en la ficción. “Inventá un personaje, ponele un nombre...”. La imagen apareció en mi cabeza: lo vi en la puerta de un bar con las manos en los bolsillos y me puse a escribir.
Hace una semana, en un café de la Placita Serrano, una amiga me presentó a un amigo: los mismos ojos, la misma barba, el mismo desaliño melancólico... y hasta el nombre que yo le había puesto. No pude evitar preguntarle: “¿Qué estuviste haciendo estos siete años?”. Él se desconcertó un poco, me miró como buscando una señal que hiciera lógica la pregunta y finalmente optó por decir algo más apropiado a las circunstancias:
- Yo escribo
Y por un momento entré en pánico
pensando si no sería él
que me estaba inventando a mí.

No hay comentarios.: