adolescentes

Mi hija perdió un jean. Eso desató una batalla campal contra el mundo, en el cual obviamente yo estaba incluida. En medio de la frenética búsqueda de la famosa prenda, que no aparecía por ningún lado, fui acusada como principal sospechosa de habérselo tirado en algún momento de confusión mental (de lo que también fui acusada) y condenada como culpable de la irreparable pérdida. Hubo portazos, amenaza de suicidio y un vocabulario digno de un camionero enfurecido. (¿Cabe aclarar que el jean no era su único, ni siquiera el más nuevo?). Reconozco que algunos de mis comentarios no contribuían a calmarla (“A ver, pará que voy a buscar a un cartonero para que le cuentes tu problema”) pero es que la imaginación se me iba agotando y la paciencia también.. A los momentos de ira le seguían momentos de franca depresión. En uno de los ellos, (ella tirada en su cama, yo sentada al lado tratando de obtener datos precisos para continuar la búsqueda) hace entrada mi hijo, su hermano: recién levantado de la siesta, con el pelo revuelto, ojos apenas abiertos, cara de pocos amigos y totalmente indiferente a la debacle, emite un: ¿hay Coca? Ella contesta: sí. Y entonces el rostro de él se ilumina con una sonrisa inmensa como si ya nada malo pudiera suceder jamás.

¿Amor, protección, límites, presencia, respeto…? Náaa…Mucho más simple: ¡jeans y coca cola!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

jajajaj "vos y tus jeans se pueden ir a la mas leve brisa que los pario!!!" basicamente...
jajaja

virgi dijo...

y el jean apareció finalmente... en la tintorería, reconociéndose públicamente mi total inocencia.