Un señor muy mayor me deja subir primero, porque se siente más señor que mayor.
El chofer me hace rebaja porque no me alcanzan las monedas.
En el último asiento un hombre habla a todo volumen con su celular, monopolizando los sonidos. Se baja rápido.
A mi lado una chica joven lee/actúa su libreto (espío diálogos de personajes donde hay uno con resaltador). A veces deja un gesto congelado, vuelve sobre la hoja y retoma. Por lo bajo susurra, susurrante se enoja, susurrante se calma.
Sin preaviso ninguno, me viene a la mente un recuerdo y las lágrimas me empiezan a brotar descontroladas como si hubieran estado esperando siglos para salir. Me las voy secando con la mano, me seco la mano en el saco. El colectivo se va vaciando. Quedamos la chica y yo solas, ella gesticulando y yo llorando, las dos en el escenario equivocado: un 127 por Colombres, Salguero, Guardia Vieja.
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