El señor que compra mi casa me dijo que va a conservar el árbol, que la rosa china fue una de las cosas que los decidió a comprar. Con tanto fanático del cemento suelto, sentí un alivio enorme de no estar vendiéndole mi casa a uno. Estaba felizfeliz con la noticia! Igual cuando se la contaba a todo el mundo recibía un esforzado y casi indiferente ahmirávosqué bien... Pero eso no logró apagar mi alegría porque, de cualquier modo, era una cuestión entre el árbol y yo. Una cuestión de amor.
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