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Tenía que comprar una cosa para las plantas, otra cosa en “todo por dos pesos”, una más en una pinturería y comida. Decidí empezar por los víveres y entré a Jumbo. Ahí nomás vi las otras cosas y la frase apareció en mi cabeza sin que pudiera hacer nada para evitarlo: “Acá está todo lo que necesito”. ¿He caído en la trampa? ¿Lograron que crea que ahí está “todo”? ¿Hasta mi cabeza traiciona mis convicciones? No, tomá, ahora me voy y no compro nada.
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Y sí, soy una persona poco práctica. Pero Jumbo, ya sabés, ¡nunca seré tuya!
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