que se vayan todos

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Tenía una entrevista en una dependencia pública. Éramos 8 en la sala de espera. En la recepción no había nadie. El teléfono sonaba y parecía que sólo nosotros lo escuchábamos. Sin embargo, tabique de por medio, se escuchaban conversaciones del siguiente tenor: “… a la hija de mi amiga le dijeron…” “primero tenés que hacer abdominales y después…” “…¿por qué no te cortás con mi peluquero…?”. Esperé un rato y viendo que nadie venía a atender, me mandé por un pasillo. La primer puerta a la derecha tenía ¡una faja de clausura! de la Dirección de Seguridad de no sé qué. Seguí avanzando y encontré dos empleadas, que me dijeron que la persona que yo buscaba no estaba, ni iba a estar.
- “Me citó a las tres”, les expliqué.
- Ah, entonces esperala.
- ¿Pero viene?
- No creo, porque tenía una reunión a las cuatro, pero no sé.
Volví a la sala de espera, a esperar a alguien con un status indefinido: “ni estaba, ni se sabía si iba a estar, probablemente no llegara nunca, pero había que esperarla”.
Mi caso no era el único. Otras 4 personas habían ido a ver a empleados/funcionarios que no habían ido. Todos venían de lejos. Tuvieron que esperar bastante rato hasta lograr que alguien les dijera: “Ni está ni va a venir en ningún momento”. Varios estaban con sus hijitos pequeños que correteaban por todos lados. Algunos salían protestando, otros vencidos. Un hombre con su esposa e hijito recibió una respuesta diferente: “Fulano no está hoy acá, está en la oficina de la calle….” (la loma del peludo). El hombre miró a la mujer como para convencerla:
- Y, tan lejos no es… ¿vamos?
Ella no dijo nada, agarró al nene de la mano, resopló y salió. El teléfono seguía sonando cada tanto; pasó un empleado con un mate y un termo. De los 8, sólo dos fueron atendidos amablemente y se fueron. Una señora había ido porque un empleado el día anterior se había olvidado de poner su firma y un sello en un papel. La señora, absurdamente, se disculpaba:
- Yo no sabía que él tenía que firmarlo…(Claro, señora, el que tenía que saberlo es él)
- Pero justo no está, no vino, no va a venir.
- ¿Y ahora qué hago? Vengo desde…
Tuvo que explicarle lo mismo a dos personas más. A las 4 menos cuarto, me pareció que yo ya había esperado suficiente. Además, había terminado de leer lo que había llevado, previsoramente. Me tomó diez minutos más encontrar a alguien que recibiera el mensaje de que yo había estado ahí.
Cuando dejé la sala de espera le dije: ¡Suerte! a la señora, que me respondió “gracias” como si creyera que mis palabras realmente harían alguna diferencia. Al salir, me frenó en la planta baja una recepcionista, la persona más amable que encontré en toda la dependencia:
- Va a tener que salir por la puerta de atrás.
La puerta de adelante estaba cerrada y una veintena de policías la custodiaban.

1 comentario:

Flor dijo...

wow, virgi, muy pero muy kafkiano, lástima que esto no debe haber sido ficción, ¿verdad?
Hace mucho que no pasaba por aquí y hoy me aventuré a hacerlo.
Pasate por nubedeagua cuando quieras. Siempre sos bienvenida.
Un beso,