cuenta regresiva (1)

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Empiezo a recorrer mis recuerdos de la casa, cuando falta un mes para que me vaya. Año 91, recién mudados; Miguel, con poco más de un año, se despertaba de la siesta y me llamaba, parado en la puerta de su cuarto: el lugar era desconocido y no sabía para dónde ir. La veo a Julia, con cinco añitos, cruzarse en el pasillo con nuestro nuevo vecino y decir en voz alta como si hablara de un árbol: “¡Qué feo señor!”.
Ahora que lo pienso, algo de eso no ha cambiado: Miguel es capaz de llamarme desde su sillón para que le alcance el control remoto y Julia sigue siendo capaz de abrir su bocaza a los oídos de los vecinos. De la inocencia de la infancia a la impunidad de la adolescencia... hemos recorrido en esta casa muchos kilómetros de momentos felices.

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