Leí por ahí que la luna llena exacerba las emociones en detrimento de la razón. Favorece entonces los romances y la creatividad. Pero también, claro, las pasiones oscuras, los miedos irracionales, los rencores irremediables.
Yo ya pasé por el momento de inspiración y el momento amoroso. Le sucedió un vago temor desplegado en pesadilla.
Ahora no me hablen, porque creo que estoy entrando en la etapa de la furia.
UBA que me hiciste mal...
I
Juro que cuando salí de casa a la mañana me sentía vital y fresca como una rosa después del rocío. Debí saber que no podía durar, sobre todo, siendo que mi cometido era un trámite en una facultad de la UBA. Lo usual: ventanilla, señor empleado-sueldo bajo- no me importa nada- y su eterna búsqueda de lo que falta. Que falta el sello, que la firma no se lee, que si no tenés el apto no te podés inscribir, que la legalización tiene que ser original… Iba bastante preparada porque no era la primera vez que lo hacía y ya tenía una idea aproximada de cuáles eran los talones de aquiles del trámite… pero siempre hay lugar para un requisito más. “Pero eso no me lo pidieron el año pasado…” Silencio. “¿Cambió la reglamentación?” Silencio y mirada fija en el formulario que finalmente me devolvió. “Es así, siempre fue así”, con cara de “vos tenés tu título profesional, estudiaste unos cuantos años y alcanzaste tu diploma pero ahora estás en mis manos y yo, que tengo sólo un título secundario y trabajo por un sueldo lamentable me doy el gusto de decirte que no sabés, que no entendés, que te tenés que ir y no podés hacer lo que querías, por la reglamentación, viste? Yo conozco la reglamentación y la hago cumplir”. Ufa. Salí de ahí desanimada y mustia, consolándome con la idea de que quizás llegara a casa y mis hijos estuvieran despiertos y con ganas de regarme un poco.
II
Si fuera que yo quería acceder a la bóveda de seguridad de un banco… todo bien. Pero de lo que se trataba era de la voluntad de cursar una materia de posgrado.
Dios nos libre de que gente malintencionada falsifique inescrupulosamente una firma, se aproveche de la UBA y logre … ¡aprender!
III
¡Que Alguien le dé paciencia a mi hija que está por empezar el CBC!
Juro que cuando salí de casa a la mañana me sentía vital y fresca como una rosa después del rocío. Debí saber que no podía durar, sobre todo, siendo que mi cometido era un trámite en una facultad de la UBA. Lo usual: ventanilla, señor empleado-sueldo bajo- no me importa nada- y su eterna búsqueda de lo que falta. Que falta el sello, que la firma no se lee, que si no tenés el apto no te podés inscribir, que la legalización tiene que ser original… Iba bastante preparada porque no era la primera vez que lo hacía y ya tenía una idea aproximada de cuáles eran los talones de aquiles del trámite… pero siempre hay lugar para un requisito más. “Pero eso no me lo pidieron el año pasado…” Silencio. “¿Cambió la reglamentación?” Silencio y mirada fija en el formulario que finalmente me devolvió. “Es así, siempre fue así”, con cara de “vos tenés tu título profesional, estudiaste unos cuantos años y alcanzaste tu diploma pero ahora estás en mis manos y yo, que tengo sólo un título secundario y trabajo por un sueldo lamentable me doy el gusto de decirte que no sabés, que no entendés, que te tenés que ir y no podés hacer lo que querías, por la reglamentación, viste? Yo conozco la reglamentación y la hago cumplir”. Ufa. Salí de ahí desanimada y mustia, consolándome con la idea de que quizás llegara a casa y mis hijos estuvieran despiertos y con ganas de regarme un poco.
II
Si fuera que yo quería acceder a la bóveda de seguridad de un banco… todo bien. Pero de lo que se trataba era de la voluntad de cursar una materia de posgrado.
Dios nos libre de que gente malintencionada falsifique inescrupulosamente una firma, se aproveche de la UBA y logre … ¡aprender!
III
¡Que Alguien le dé paciencia a mi hija que está por empezar el CBC!
tarot
Por varios días no atendí el teléfono.
No respondí llamados, no contesté mails, no acepté invitaciones.
El sábado a la noche jugué al solitario en la computadora.
Y el domingo a la tarde, en un café cuyo nombre no recuerdo, una mujer me tiró las cartas y salió… El Ermitaño.
No respondí llamados, no contesté mails, no acepté invitaciones.
El sábado a la noche jugué al solitario en la computadora.
Y el domingo a la tarde, en un café cuyo nombre no recuerdo, una mujer me tiró las cartas y salió… El Ermitaño.
taller literario II
Yo pienso que lo menos que él podría hacer es llamarme.
Pero no me llama.
Un poco desagradecido es, mi personaje.
Pero no me llama.
Un poco desagradecido es, mi personaje.
taller literario
Hace siete años un profesor me instó a incursionar en la ficción. “Inventá un personaje, ponele un nombre...”. La imagen apareció en mi cabeza: lo vi en la puerta de un bar con las manos en los bolsillos y me puse a escribir.
Hace una semana, en un café de la Placita Serrano, una amiga me presentó a un amigo: los mismos ojos, la misma barba, el mismo desaliño melancólico... y hasta el nombre que yo le había puesto. No pude evitar preguntarle: “¿Qué estuviste haciendo estos siete años?”. Él se desconcertó un poco, me miró como buscando una señal que hiciera lógica la pregunta y finalmente optó por decir algo más apropiado a las circunstancias:
- Yo escribo
Y por un momento entré en pánico
pensando si no sería él
que me estaba inventando a mí.
Hace una semana, en un café de la Placita Serrano, una amiga me presentó a un amigo: los mismos ojos, la misma barba, el mismo desaliño melancólico... y hasta el nombre que yo le había puesto. No pude evitar preguntarle: “¿Qué estuviste haciendo estos siete años?”. Él se desconcertó un poco, me miró como buscando una señal que hiciera lógica la pregunta y finalmente optó por decir algo más apropiado a las circunstancias:
- Yo escribo
Y por un momento entré en pánico
pensando si no sería él
que me estaba inventando a mí.
propiedad vertical
Un cinturón de sonidos rodea mi casa por las noches.
La perra del segundo ladra. O aúlla o llora, nunca se sabe bien qué está queriendo expresar un perro encerrado en un lavadero. Varios otros perros adhieren solidarios. Un teléfono suena con un ring antiguo, que retumba en un departamento evidentemente vacío. Para qué llamaría alguien a un lugar donde no vive nadie. Otro sonido se alterna con los anteriores: una mujer que (tampoco sé): o está teniendo sexo o llorando o quejándose (espero que no las tres cosas al mismo tiempo). Más, un ascensor de puertas estridentes: a alguien no le importa que la mayoría esté durmiendo. O sí le importa: le molesta. Mi vecina de arriba se levanta para ir al baño. Yo no me enteraría si no tropezara (dormida, supongo) con los muebles; hay un golpe seco, quizás la tapa del inodoro. El depósito tarda un siglo en volver a llenarse y hacer silencio. No, qué silencio, la lloronasexópataquejosa resucitó y alguien se suma al concierto chistándole desde el anonimato del aire y luz del edificio.
El cinturón aprieta.
Sí, anoche tuve insomnio o algo así.
La perra del segundo ladra. O aúlla o llora, nunca se sabe bien qué está queriendo expresar un perro encerrado en un lavadero. Varios otros perros adhieren solidarios. Un teléfono suena con un ring antiguo, que retumba en un departamento evidentemente vacío. Para qué llamaría alguien a un lugar donde no vive nadie. Otro sonido se alterna con los anteriores: una mujer que (tampoco sé): o está teniendo sexo o llorando o quejándose (espero que no las tres cosas al mismo tiempo). Más, un ascensor de puertas estridentes: a alguien no le importa que la mayoría esté durmiendo. O sí le importa: le molesta. Mi vecina de arriba se levanta para ir al baño. Yo no me enteraría si no tropezara (dormida, supongo) con los muebles; hay un golpe seco, quizás la tapa del inodoro. El depósito tarda un siglo en volver a llenarse y hacer silencio. No, qué silencio, la lloronasexópataquejosa resucitó y alguien se suma al concierto chistándole desde el anonimato del aire y luz del edificio.
El cinturón aprieta.
Sí, anoche tuve insomnio o algo así.
habito un hábito
Tengo un hábito, un buen hábito, como la buena acción del día de los scouts. A veces, cuando empiezo a cruzar la avenida, veo algún anciano de paso lento, inseguro y trabajoso. De ese modo poco literario que irrumpen los pensamientos, me invade un "ni en pedo llega del otro lado antes de que cambie el semáforo". Entonces lo sigo disimuladamente, avanzo apenas atrás como distraída. Cuando los autos, camiones, colectivos, empiezan a rugir ansiosos ante el inminente cambio de luz, me interpongo entre ellos y mi protegido. Sé que mi metro cincuenta y seis no representa mucho escudo, pero pienso que sería demasiada casualidad que el final de él y el mío estuvieran escritos para el mismo día.
tantas cosas
Tantas cosas que uno aprende a lo largo de tantas horas de clases primarias, secundarias, terciarias, universitarias, varios títulos y ahora me doy cuenta de que nunca nadie me enseñó a esperar.
Si...
Si deambulo de un colectivo a otro sin encontrar nunca el lugar que busco
Si encuentro personas desconocidas que me conocen y me dicen palabras oscuras
Si las soluciones aparecen mágicamente para desvanecerse al instante en un nuevo callejón
Yo debería darme cuenta de que sólo estoy en un mal sueño.
Pero es que a veces no es un mal sueño
y quiero dormirme para despertar en otro lado.
Si encuentro personas desconocidas que me conocen y me dicen palabras oscuras
Si las soluciones aparecen mágicamente para desvanecerse al instante en un nuevo callejón
Yo debería darme cuenta de que sólo estoy en un mal sueño.
Pero es que a veces no es un mal sueño
y quiero dormirme para despertar en otro lado.
pero está ahí
Yo he salido después con otros hombres. Él ha salido después con otras mujeres.
Yo le he dicho tequiero a otros hombres. Él le ha dicho tequiero a otras mujeres.
Yo vi amanecer con otros hombres. Él vio amanecer con otras mujeres.
Pero nunca es lo mismo.
Yo lo sé.
Él lo sabe.
Y ese es un saber
que todavía no sé
para qué sirve.
Yo le he dicho tequiero a otros hombres. Él le ha dicho tequiero a otras mujeres.
Yo vi amanecer con otros hombres. Él vio amanecer con otras mujeres.
Pero nunca es lo mismo.
Yo lo sé.
Él lo sabe.
Y ese es un saber
que todavía no sé
para qué sirve.
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