curiosidades

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Salí a la calle de un humor espantoso. Me compré una esterilla de borde celeste y un abanico chino. No tengo la menor idea de para qué.

Pero lo más raro es que después
caminé las diez cuadras que me separaban de mi casa
a paso lento
zarandeando la bolsa

y me sentía extraordinariamente feliz.