arte callejero

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Subió en la estación Varela del subte E. Llevaba un sombrero tejido de muchos colores como único detalle llamativo. Saludó en la mitad del vagón, se presentó y empezó a acomodar: sobre un palo de madera vertical, una maderita horizontal y sobre ella, con cuidado, uno al lado del otro, unos cinco vasitos de plástico. Una curva dio por tierra con todo. Curiosamente, su fracaso acaparó aún más la atención de la gente. Otra vez: palo, maderita, primera hilera de vasos, otra maderita, más vasos... hasta que frenó el subte en la siguiente estación y todo rodó por el piso. A esa altura empecé a pensar que quizás esa era la gracia porque era imposible semejante cometido en el interior de un lugar en movimiento. Pero no: a la tercera lo logró, se puso el palo sobre la frente y paseó por algunos segundos, hasta que se desmoronó nuevamente. Después hizo unos malabares muy correctos, primero con unas pelotitas de colores y después con las clavas (ahí algunos se pusieron a buen resguardo por si fallaba). Igual creo que hizo una buena recaudación. No sé si a los demás les pasó lo mismo, pero yo tengo especial predilección por los que fracasan, se frustran, pierden...pero siguen hasta el final.

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