la máquina

Estaba en una dependencia pública y tenía el número 890. Iban por el 810. La gente esperaba desperdigada por las cercanías porque un letrero luminoso indicaba el número que era convocado.
De repente, el letrero enloquece y los números empiezan a pasar velozmente mientras todos nos abalanzamos al mostrador, como si el tiempo estuviera pasando y los empleados atendiendo en milésimas de segundos y nuestro turno pudiera pasarse antes de que llegáramos hasta allí.

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