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Mi viejo, en sus últimos días, soñaba con que esta Nochebuena iba a estar toda la familia reunida: después de años de distancias y desencuentros, organizaba mentalmente una cena en la que estaríamos todos juntos otra vez en Barracas.
Parece que eso no va a poder ser, pero hoy empecé a pensar que quizás lo bueno de ese sueño es que le permitió a él irse feliz.
O quizás
lo bueno
de ese sueño
sea
que lo sigamos soñando.
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