por la paz

hay cosas para hacer.
El barco insignia de Greenpeace partió desde Estambul
hacia la zona de conflicto
con el mensaje "Paz Ahora".
www.greenpeace.org.ar

vamos con las cotidianas

I
Aviso

Que no cuente nadie conmigo mañana a la noche, porque nada me despegará de la pantalla de Telefé y el esperado encuentro de Laura y Santiago en Montecristo.

II
La mesa
Releyendo textos anteriores, me pareció justo anunciar que finalmente mis hijos SÍ levantan la mesa, incluso lavan los platos. No sé si es que crecieron, maduraron, comprendieron... o que me vieron mucha cara de loca la última vez que toqué el tema.
Cada tanto surge entre ellos la discusión de “te toca a vos” pero eso es un dato menor frente a la magnitud de un hecho que me hace enormemente feliz cada día.

Sueños

Hace muchos años, cuando estaba casada, soñé una noche con un hombre que ahora no recuerdo quién era pero sí que era un sex-symbol del momento. Pongamos que fuera, no sé, Richard Gere. En el sueño ¡ lo rechazaba ! porque, según le explicaba, yo era una mujer casada.

Hace unos días me fui a dormir después de ver Montecristo y soñé que al lado de mi casa vivía Pablo Echarri...¡pero con Nancy Duplaá!

¿Alguien sabe cómo avivar inconcientes?

el tiempo pasa (II)

El tiempo pasa (II)
Aclaro, para que no oscurezca

Tengo con la calle una relación amorosa. Nació en la adolescencia, cuando la libertad era estar fuera de casa y la calle se iba convirtiendo en una especie de hogar, lleno de cafés entrañables y esquinas queridas, con colectivos y subtes que iban tomando el color de mis historias, con desconocidos que podían convertirse en personas inolvidables, con marchas en las que descubría el sabor de tener compañeros...
Como toda relación amorosa, tuvo sus altos y sus bajos. Durante muchos años, la calle fue un terreno peligroso e inhóspito y parecía que nuestro amor estaba terminado. Pero múltiples razones hicieron que lentamente empezáramos a conocernos otra vez. Fui haciéndome mi hogar afuera y tanto salir como entrar era llegar a casa. Quizás el punto más alto fue cocinar en la calle, cortar las verduras para una olla popular del barrio, sentarme en el cordón de la vereda a charlar con un cartonero de 15 años y reirnos de no sé qué.
Después, decía, fue el huracán que me desintegró las redes por adentro y hubo que empezar a tejer desde el principio. Mucho esfuerzo y trabajo y tiempo y paciencia y corazón para empezar a restablecer ese hilo invisible, esa sensación corporal de proximidad y prójimo, recuperar la capacidad de anidar en cualquier lado: la calle y yo estamos recomenzando nuestra historia de amor.

el tiempo pasa

.
Desde el huracán que me arrasó, he ido recuperando paulatinamente pedacitos del alma. El dolor se va retirando y deja a la vista, sobre la arena, fragmentos magullados que se van secando al sol, que empiezan a respirar lentamente hasta llenarse de aire, que van abriendo los ojos y enjugándose las mejillas.
Así es que ayer, por primera vez, anduve por la calle con la misma placidez que sabía tener, como si estuviera haciendo la plancha en aquella pileta de Córdoba: con los ojos abiertos para adentro, confiando en la suavidad del oleaje y con todo el paisaje en el corazón.

cotidianas varias

Cotidianas (I)

Primero, el precio. Después, la marca. Después, que si es para cabello lacio, rulos definidos, caspa, brillo y naturalidad, cabellos teñidos, secos, dañados, lacio perfecto, cabello largo, para todos los días… Cuando finalmente logro decidirme entre tantas opciones, ¿no es re-normal que más de una vez termine comprando acondicionador en lugar de champoo?

Mis hijos dicen que no.

Cotidianas (II)

“No me vas a ver llorando
ni me vas a ver vencido…”


Resfriada, con tos, con la cara hinchada por culpa de una muela, con la mano vendada, despeinada y mal dormida, sí me verán.
Pero jamás me verán sin aros.

Cotidianas (III)
Es la tercera vez en dos días...

...que me llevo por delante una pared de mi casa . Reconozco que la primera vez fue en medio de una extraña urgencia por quitarme un pullover mientras circulaba hacia el cuarto, pero para las otras no tengo excusas.
Igual la más fuerte fue la de recién, Auuuch!

Cotidianas (IV)
Una disculpa ahí, a la derecha…(Adolescentes)

- Te aviso que a eso de las once, once y media, paso por ahí.
- Ta.

A las 12 y media, llamo por teléfono:
- ¿Y? ¿No vas a pasar?
- No. ¡Ah! ¿Qué? ¿Te tenía que avisar que no pasaba?

Cotidianas V

Oído al pasar

Un padre y su hijo (tipo-8 años) caminando por la calle Sinclair:
Padre: - Ponete el saco
Hijo: - ¿Por qué? ¿Hace frío? (...?...)
Padre: - No, pero yo también me lo voy a poner. (...?...)

segundos perfectos (2da.parte)

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Aquellas bellas florcitas blancas se convirtieron en unos hilos enredados, oscuros y pegajosos. Pero la planta me sigue pareciendo hermosa. A veces pasa, no? que uno empieza a querer y no puede parar.

cosas de otro lugar, de otro tiempo

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Es una sensación difícil de explicar, como todo lo que es intenso y profundo. El corazón me empieza a latir con fuerza, como si algo muy esencial estuviera pasando. Es tan visceral que no puedo saber si es placentero o doloroso. Y después un vacío, como si faltara un correlato. Los jazmines, la guitarra, las tormentas, me llevan a fragmentos de mi historia, pero en estos casos se produce un salto hacia la nada: donde tendría que estar el recuerdo hay un espacio indefinido, atemporal. Y eso sí duele.
Me pasa con dos objetos y dos imágenes:
El caderín de la danza árabe con las moneditas
Un dije antiguo, casi azul, de piel de mariposa
Una mujer sentada en el comedor de servicio de una casa suntuosa.
Un hombre de traje gastado, peinado a la gomina, en una estación de tren.

aniversarios

El primero fue el año pasado; para esta época me quemé. Me freí en aceite caliente dos centímetros de un dedo de la mano derecha. Terminé en el Hospital del quemado. Efectos de la tristeza.
Este año me quemé, hace dos días, también en la mano derecha. Esta vez, con una asadera. Se está curando sólo con reiki y cuidados. Fue más leve.
Quizás el año que viene ya no me queme.

meteorología II

Otra vez nublado y gris, pero estoy contenta.
Es la excepción que confirma la regla.

a futuro

Y ya estoy pensando que seremos Campeones en el Mundial del 2010. Tendré cuatro años más. Quizás tenga varios sobrinos nietos (no creo que nietos todavía pero quiensabe), quizás hasta tenga un marido y tenga una huerta… Y quizás mi hija, ya recibida de socióloga, me diga, como ayer:
- “…tengo, tengo, tengo, dijiste tengo como diecisiete veces… la propiedad…Marx…. el capitalismo…la plusvalía y blá blá blá blá blá…”

dicho de otra manera

En un tiempo pensaba que quizás yo tenía demasiada sensibilidad para la tristeza, la mía, la de los otros; un día escribí: Hoy el dolor del mundo es mucho para mí.
Pero después me dí cuenta que tengo la misma facilidad para la alegría: se desboca a veces por hechos mínimos y absurdos. No hablemos del beso o el abrazo, ni siquiera la carcajada, la sonrisa, la mirada, que son vías rápidas para sacarme del desánimo. A veces es sólo poner las manos alrededor de una taza caliente, deslizar un pincel sobre una madera, recoger una hoja seca y guardarla en un libro. Sin ese trampolín para zambullirme en la vida, no hubiera llegado, seguro que no hubiera llegado hasta aquí.

meteorología

Es casi imposible para mí pensar que todo va a estar bien si amanece nublado. Y viceversa: el sol siempre me trae un optimismo fuera de toda lógica.
Sé que hay personas de ánimo estable, no sujeto a variaciones climáticas. Pero por alguna razón que todavía no descubrí, a mí me tocó navegar en aguas inquietas.
Así que imagínense cómo me sentí ayer cuando vi el cielo celeste después de tantos, tantos, tantos, tantos días grises. Sí, así.

segundos perfectos

La dejó, junto con otras plantas, la dueña anterior de la casa. No me simpatizó especialmente y la tuve dando vueltas mientras duró la obra. Sobrevivió, lo que no es poco. Empezó la búsqueda de su lugar: estuvo adentro, estuvo afuera; estuve a punto de regalarla pero finalmente no la quisieron. La acomodé en una esquina, pinté la maceta y casi la olvidé. Es difícil decir cuántos días pasaron hasta que se puso hermosa, se adueñó del rincón ostentando unas hojas grandes, verdes, brillantes. Siguió pasando el tiempo y empezó a emerger un tallo y de él, pequeñas florcitas blancas. Sentí que era un regalo especial que florezca algo en lo que no había puesto ninguna esperanza. La noche de mi cumpleaños desplegó en el patio un aroma intenso y fresco, como si supiera. A la mañana siguiente no había rastros de aquel perfume, pero cada atardecer renace.
Y por ejemplo ayer, cuando estaba por escribir "este cielo plomizo no me hace feliz", esa planta cuyo nombre desconozco, esa planta que no necesita la fe de los demás para florecer, esa planta resistente e inagotable, me envolvió en su idioma, me hizo cerrar los ojos y respirar, respirar, respirar...