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En diciembre del año pasado fui con mi hijo (17) a la oculista: tenía dificultades para leer lo que los profesores escribían en el pizarrón. Le recetaron unos anteojos que no encargó porque total, dijo, ya se iba de vacaciones.
En marzo, al comienzo de las clases, cuando ameritaba tener los lentes, obviamente ya había perdido la receta y todos habíamos olvidado el nombre de la doctora. Así que primer paso, averiguarlo, segundo pedirle receta nuevamente, tercero…encargar los lentes, cosa que no hizo: no logró decidirse, se aburrió y abandonó la óptica.
Conminado por mí a que se los compre, bajo amenaza de adquirirlos yo (y que sean muy feos) ayer en la cena nos comunicó:
- Ya encontré la solución al tema de los lentes, eh?
- ¿Sí?
- Sí! No miro más el pizarrón…
2 comentarios:
Yo era TAN así, ja.
ja ja ja! sí? no sabía!
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