
.
El año pasado mi hijo trabajaba unas horas en el bar de su colegio, administrado por una Comisión de estudiantes. Hace poco me mostró un fajo de billetes de dos pesos con los que le pagaban su trabajo: todos tenían frases escritas. En los ratos libres entre recreo y recreo, me contó, ellos iban dejando sus huellas en cada uno. Transformaban el vil dinero en mensajes al mundo. Sacó uno del montón, me lo regaló y yo lo pinché en la cartelera de mi cuarto.
El mío dice: Hay que endurecerse sin perder la ternura jamás. (el Che)
El año pasado mi hijo trabajaba unas horas en el bar de su colegio, administrado por una Comisión de estudiantes. Hace poco me mostró un fajo de billetes de dos pesos con los que le pagaban su trabajo: todos tenían frases escritas. En los ratos libres entre recreo y recreo, me contó, ellos iban dejando sus huellas en cada uno. Transformaban el vil dinero en mensajes al mundo. Sacó uno del montón, me lo regaló y yo lo pinché en la cartelera de mi cuarto.
El mío dice: Hay que endurecerse sin perder la ternura jamás. (el Che)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario