aprendiendo

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La línea de colectivos que tomo para ir a trabajar tiene la rara (o no tan rara) costumbre de andar de a dos. Al principio, cuando me estaba acercando a la parada y veía a uno, corría pensando: será el primero? será el segundo?...
Un día, a media cuadra de la esquina se me escapó uno. Enseguidita después, el otro. Unos pasos más y perdí un tercero. Grande fue mi sorpresa cuando se me escapó también ¡el cuarto!
Llegué a la parada, me apoyé en el palo y dispuesta a esperar un siglo y medio, pensé aprovechar el tiempo mandando mensajitos de texto. Pero apenas había mandado uno cuando se produjo el milagro del ¡quinto!
Desde entonces, cuando me quiere entrar la desesperanza en alguna parada de la vida, pienso: Esperar... Que siempre puede haber un quinto colectivo.

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