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Por unas horas, una vez por semana, voy a ayudar en un hogar de madres adolescentes. Ayudo a cuidar los bebés. Me hace feliz. Cuando me voy me dicen gracias y yo también digo gracias.
Y aunque me cambio toda la ropa que usé, durante toda la tarde y la noche sigo sintiendo a mi alrededor ese olorcito a bebé que te renueva la vida. Y se me aparecen las caritas, los pucheros, las sonrisas. Y cuento los días para volver.
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