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En el Hogar me pidieron que acompañara al médico a una de las chicas, a una de las madres adolescentes. Tiene 17 años y una hija de 2 y medio. Viajamos una hora y hablamos casi sin parar. Vive en hogares desde los 7 años. Me mostró fotos de su hija. Le mostré fotos de los míos. Hablamos de hombres y de infidelidades. Me contó que no suele tener ganas de comer. Aunque casi al final del viaje, me dijo que de repente tenía hambre. De todo lo que hablamos, de ida y de vuelta, me retumba lo último que dijo cuando nos despedimos: Cuando vengas al Hogar… ¡preguntá por mí!
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