Uno a cero

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Hoy me tocó lo que dimos en llamar el “combo femenino”, esos exámenes periódicos que tenemos que hacernos las chicas. Mientras el ecografista me recorría insistentemente, yo para mis adentros lo puteaba en colores. NO BUSQUES, porque NO VAS A ENCONTRAR NADA, entendiste? Por más que busques, NO VAS A ENCONTRAR NA-DA-DE-NA-DA!!! Y si se lo digo en voz alta y chau? Buen, no, lo dejo que siga jugando un rato con su aparatito.
Entonces, él agarra y me dice que me va a revisar con otro aparato que es mejor. Si espero un cachito. Y yo le digo que no. Que ya sé lo que busca y que no lo va a encontrar. Él no entiende. (Qué poco acostumbrados están a que los pacientes se rebelen). Y entonces yo le explico, le presento pruebas y lo convenzo.
- Ah, bueno, ok, listo, entonces te podés ir.
- (para mis adentros)

jueves a la mañana

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Por unas horas, una vez por semana, voy a ayudar en un hogar de madres adolescentes. Ayudo a cuidar los bebés. Me hace feliz. Cuando me voy me dicen gracias y yo también digo gracias.
Y aunque me cambio toda la ropa que usé, durante toda la tarde y la noche sigo sintiendo a mi alrededor ese olorcito a bebé que te renueva la vida. Y se me aparecen las caritas, los pucheros, las sonrisas. Y cuento los días para volver.