Seguramente los lectores de este blog ya saben que el 25 de diciembre me subí a un micro rumbo a Río de Janeiro, una travesía de aproximadamente 40 horas.
Hay un momento de impacto, cuando mirando por la ventanilla, uno deja de entender lo que dicen los carteles. Es una sensación rara, de no hacer pie.
Y empiezan a generarse confusiones, como cuando ví un cartel que decía BORRACHARIA 24 HORAS al lado de un lugar de comidas y pensé : Qué curioso, no? Al pan pan y al vino vino, valga la expresión… Un lugar donde uno entra directamente a emborracharse, qué original…
Pues no. Si alguien quiere ponerse en pedo en Brasil, les aviso que en las borracharías sólo encontrarán esto:
Hay un momento de impacto, cuando mirando por la ventanilla, uno deja de entender lo que dicen los carteles. Es una sensación rara, de no hacer pie.
Y empiezan a generarse confusiones, como cuando ví un cartel que decía BORRACHARIA 24 HORAS al lado de un lugar de comidas y pensé : Qué curioso, no? Al pan pan y al vino vino, valga la expresión… Un lugar donde uno entra directamente a emborracharse, qué original…
Pues no. Si alguien quiere ponerse en pedo en Brasil, les aviso que en las borracharías sólo encontrarán esto:

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