Cotidianas

Me llamó la atención porque era una viejita de cuento parada frente a una vidriera: chiquita, medio encorvadita, con un vestidito-batoncito floreado, zapatones, medias gruesas. El cabello bien blanco y con rodete, un clásico. Daba ganas de recortarla y devolverla a las páginas de un libro.
El caso es que cuando me fui acercando, la dulce viejecita estaba con la ñata contra el vidrio, absorta, mirando... esto!


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