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Cuando paso mucho tiempo sin aparecer por aquí, puede deberse a varias cosas:
1) problemas técnicos
2) que me pasa algo sobre lo que no puedo escribir
3) que me pasa algo sobre lo que puedo escribir pero no lo puedo publicar
4) que me fui de viaje
En esta oportunidad, me ausenté por : 3)
Como sé que visitan estas páginas personas que me quieren y se preocupan por mí, no tenía ganas de contar que estaba deprimida. No triste, porque cuando estoy triste sí les cuento. Deprimida es una especie de pariente trucha de la tristeza. Casi les diría que fue una especie de tufillo a deprimida. Todo seguía su curso casinormal: trabajo, estudio, risas, abrazos, música… pero señales que auto-observé me prendieron el alerta:
• Estuve varios días con el mismo pantalón.
• Dormía mal y me costaba levantarme
• No le encontraba gracia a la comida
Como ya no soy mujer que se entrega a sus desánimos, tomé medidas prácticas. Básicamente, tres. Y funcionaron.
Les contaría cuáles si pudieran serles útiles a algún otro, pero su utilidad es absolutamente relativa a mí.
Eso sí, les recomiendo pensar ahora en tres cosas que los sacarían de un atisbo de depresión. Anótenlas en un papelito y guárdenlas, por si acaso. Porque a veces el tufillo ataca por sorpresa y conviene estar preparado.
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