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Yo opino que los por ahora llamados Marcela y Felipe Noble Herrera, están haciendo lo imposible por salvar a su madre. Y opino que la ley de la vida es al revés: no son los hijos los que están para defender a los padres, son los padres los que están para proteger a los hijos.
Ellos no tienen mamá, no porque sea “adoptiva” sino porque no cumplió su rol de velar por ellos, asegurándoles el elemental derecho a la identidad.
Ellos son los más huérfanos entre los huérfanos: ni siquiera saben quiénes son. No debe haber orfandad más espantosa, no debe haber desierto más aterrador.
Ojalá pronto haya un nombre en ese espacio vacío, por ellos y por las familias que los buscan hace tantos años.
He dicho.
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