Yo no soy una persona desordenada.
Sí soy una persona a la que le gusta llegar a casa y sacarme (revolear) los zapatos. También por eso es que me gusta tener a mano un par de ojotas (o pantuflas, según la estación). Claro, por si a último momento tengo que volver a salir para hacer alguna compra, me gusta también tener a mano unos zapatos bajos cómodos.
También soy una persona que detesta terminar de cenar y ponerse a lavar los platos. Por qué arruinar un momento tan lindo como la sobremesa con la obligación de sumergirse en detergente y esponja?
No soy una persona desordenada. Sí soy una persona que tiene un par de cuadros sin colgar que también están a la mano, esperando el momento en que venga el señor (¿) a colocarlos. También tengo a mano un montón de libros, revistas y apuntes que voy hojeando y leyendo de a ratos (y a veces, reconozco, olvido por qué los tengo a mano).
Tengo siempre sobre la mesa del comedor varias libretas y blocs en los que anoto cosas para no olvidarme y por supuesto a veces no recuerdo consultar.
También tengo a mano algunas cosas pero sólo porque no sé dónde guardarlas. Ah y tengo un par de estufas eléctricas que no funcionan que esperan a alguien que tenga ganas de arreglarlas y llevárselas (o al revés).
Bueno, también tengo en el living una silla rota que está en garantía y aguarda la finalización del interminable intercambio de mails con la empresa que me dijo hace 6 meses sí, sí, por supuesto que está en garantía, traigala y la cambiamos y yo dije vengan a buscarla y así estamos…
Ah… bueno, y está la plancha en el piso porque cuando la desconecté estaba demasiado caliente como para guardarla y después, bueno, fue quedando…
Sé que hay personas ordenadas que deben haber abandonado la lectura de este post para no colapsar y personas obsesivas que se estarán tomando un taxi para venir a ordenar mi casa, pero al que tuvo el valor de llegar hasta aquí en paz, no deje de leer el post siguiente.
1 comentario:
jaja buenísimo! Y llegué hasta el final!
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