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Anoche soñé con mis viejos. La situación tenía una fuerte cotidianeidad y una dosis de conflicto. Mi viejo me reprochaba cierta falta de atención hacia ellos, en una especie de "escena de celos" en la que yo intentaba sacarlo del error de su apreciación. El diálogo era más amoroso que dramático y lo último que recuerdo del sueño es la contundencia (amorosa) de mi respuesta.
Como mi viejo era un tipo muy celoso (de todas las personas a las que quería) y yo heredé esa virtud (Je) debo confesar que el sueño tenía un "resto diurno" (circunstancias del día que hacen de materia prima del sueño) que fácilmente reconocí: un mini brote de celos que padecí esa tarde y acerca del cual no me voy a explayar.
De todos modos, nada de eso es demasiado importante. Lo que les quería contar es que me encanta soñar con ellos, no importa de qué se trate, porque después ando como envuelta en una mantita tibia que me cuida y me acompaña y me hace brotar sonrisas de la nada todo-el-día.
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