Vestido mío

.
Yo tendría unos diez años. Me regalaron una tela para “hacerme algo” y modista mediante (cosa usual en aquellos tiempos) se transformó en un vestido que adoré. Lo usé todo el tiempo que pude, todo el tiempo que el crecimiento inexorable me permitió. Después de eso, pasó a ocupar un lugar inmóvil en el placard..
Me fui de la casa de mis viejos, me casé, nacieron mis hijos. Y cada tanto, generalmente al comienzo del invierno, un domingo de esos en los que iba a almorzar a la casa de Barracas y casi siempre cuando me estaba por ir, mi vieja me decía: Ah! Tengo esto, por si querés hacer algo… Y abría la puerta del placard y aparecía el vestido. Las dos lo mirábamos, admirábamos un rato en silencio hasta que yo decía: Mmmm…Sí, buen, vemos…
Cuando mi hija creció, un día fue testigo del ritual y enseguida dijo: Qué lindo! Yo me podría hacer un saco! Allá fuimos, modista mediante y sin demasiadas modificaciones, se transformó a su medida.
Al final, creo que nunca lo usó. Ella se fue de casa, ahora vive con su novio. Y cada tanto, generalmente al comienzo del invierno, un domingo de esos en que viene a almorzar y casi siempre cuando se está por ir, yo le digo: Ah! Tengo esto… Y las dos miramos, admiramos un rato en silencio el ahora saco, hasta que ella dice: Mmmm…Sí, buen, vemos…
Y la vida sigue rodando.

No hay comentarios.: