Una vez les conté mi sorpresa cuando, después de verla mustia y casi seca en el invierno, la ví florecer en la primavera renaciendo de las cenizas.
(lamaslevebrisa.blogspot.com/2007/08/iguales.html)
Pero esta vez, cuando volví de mis vacaciones y habiendo sucedido en Buenos Aires terribles olas de calor, tenía un aspecto que te estrujaba el alma: las flores secas, las hojas secas, los tallos tristes. No sobrevivió a la ausencia, pensé.
Sí. Sobrevive a la ausencia, a la olas de calor y a todo obstáculo que se le presente. A la hortensia no hay con qué darle; ya está toda brotada de verdes, la hortensia vive. Y hasta el alma de mi viejo sigue viva en esa hortensia.
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