Vacaciones

. Nos reímos. Nos abrazamos. Tomamos mate. Recordamos a nuestros mayores y nos reímos con las nuevas generaciones de la familia. Me enseñaron a hacer cebollitas al orégano, yo les enseñé para qué sirven los rulos de los ñoquis y entre todos, aprendimos a hacer un arroz con leche que quedó buenísimo. Disfrutamos la búsqueda de los Huevos de Pascua (costumbre que adoptaré sin dudas), vimos juntos el partido de Racing y Racing ganó (Super!). Nos acompañamos en las buenas y en las malas (que las hubo), compramos pequeños utensilios de cocina con un entusiasmo digno de mejor causa y sacamos fotos, porque esos momentos merecían quedar retratados. Volví con la sonrisa puesta. Y todavía la tengo.

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