A mi izquierda un señor con cara de pocos amigos, a mi derecha un niñito revoleando su mochila de rueditas junto a mis pies, un millón de personas que nos lanzamos a cruzar una calle, un millón que cruzan en sentido contrario y un bondi que dobla hacia nosotros/as.
De repente sentí que sobrevivir en buenosaires rondaba la definición de milagro...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario