Maneras de...

...leer.
Entre las primeras lecturas que recuerdo, está “El tesoro de la juventud”, unos tomos que ya en mi infancia eran antiguos pero tenían la fascinante virtud de mostrar que el mundo era increíblemente diverso. Era una enciclopedia bellamente encuadernada que agrupaba sus títulos en “libros”: El libro de nuestra vida, El libro de la narraciones interesantes, El libro de la poesía, El libro de hechos heroicos, El libro de lecciones recreativas y El libro de los “por qué”. Así yo podía dar rienda suelta al anarquismo de mis intereses y pasar de leer un extraño hábito de alguna especie animal a una leyenda, a una sorprendente anécdota o a la respuesta a una pregunta que nunca me había formulado.
Lo siguiente que recuerdo, también es anárquico. En la colección de Robin Hood, esos de tapas amarillas, lo primero que leía era el final. Tenía que tener magia o intensidad suficientes que ameritaran iniciar la lectura. Muchas veces, ninguna frase del libro tenía tanta contundencia como la del final pero bueno, aprender a desilusionarse a veces es también parte del camino.
A veces realizaba una búsqueda por la biblioteca de mis padres, recorriéndola en silencio a la espera de un título que me convocara. Así leí por ejemplo “Los verdes años” de A.J.Cronin, libro del que sólo recuerdo una escena tremenda que viene a mi mente siempre siempre que estoy cruzando las vías del tren.
En mi adolescencia, recuerdo haber leído un montón pero tengo mucho más presentes los títulos que los contenidos. Por razones que desconozco, puedo repetir oraciones leídas hace más de 40 años que no son ni sabias ni especialmente bellas pero por alguna razón me tocaron el alma. Eso sí, también conservo montones de libros cuya lectura abandoné en las primeras páginas.
He leído con el mismo interés a Sartre y al libro de poesías que compré en el subte. Y hay palabras que me impactaron porque llegaban en el momento justo. Hay que reconocer que a veces el universo se las arregla para ponernos en las manos lo que estamos necesitando.
El asunto es que después de mucho tiempo de tener verdaderas dificultades para concentrarme en la lectura (esto es empezar a leer una novela policial y darme cuenta después de pasar unas páginas que estoy pensando que voy a cocinar una tarta de zapallitos para la noche…) me han regalado para mi cumpleaños distintas personas queridas distintos libros, diversos como la vida. Y este feriado del 9 de julio me ha regalado una tarde con lluvia y frío. Y yo me he regalado unas maravillosas horas de leer y de amor.

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