la nota

La nota sigue, en Página12, para el que quiera leerla completa, pero la anécdota del comienzo me encantó. Y además, hay tanto texto subyacente...

Curiosidades argentinas
Por Sandra Russo
El miércoles estaba entrando a un restaurante porteño con algunos miembros de la organización barrial Túpac Amaru. Milagro Sala venía media cuadra más atrás, con su marido y otros compañeros. Cuando estábamos por entrar, un policía federal que estaba con otro en la puerta del restaurante de enfrente me miró y me hizo una seña. Nos detuvimos. El policía, un hombre de mediana edad, cruzó la calle y vino directo hacia mí. Yo debo haber retrocedido un poco y la cara se me debe haber puesto involuntariamente tensa: el policía estiraba su mano, iba a agarrarme el brazo.
–No te asustés que estoy emocionado, boluda –me dijo él riéndose, y entonces le vi el brillo en los ojos. Pero era raro. ¿Por qué un policía habría de emocionarse al verme? Nunca me había pasado y no pensé que alguna vez me pasara que un policía federal me abrazara en la calle y me felicitara por mi trabajo. El se separó de mí y me mostró su placa. Leí en un voz alta su apellido, porque él me estaba sugiriendo que en su nombre estaba la explicación de esa emoción. No me lo dijo, pero bien me hubiese podido repetir: “Boluda”. Lo que dijo fue:
–El apellido no. Las iniciales.
Las leí también en voz alta:
–J. D.
Hubo un instante de silencio.
–¡Juan Domingo! –grité.
El pegó una carcajada, asintiendo. Nos reímos mucho todos. En eso llegó Milagro, y para el tipo ya fue el colmo esa sorpresa. La hundió en sus brazos –ella es muy menudita–, y se largó a llorar en su hombro. Un peronista de cuna peronista, con padres que decidieron ponerle Juan Domingo. Un policía federal.
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